Nacer, cómo
decirse “Nacer”, nacemos todos. No es ninguna revelación lo que estoy diciendo
y hasta parecería una frase sin sentido.
Pero me gustaría
detenerme en el más allá del salir del vientre materno, del huevo o de una
semilla.
Digo, me he dado cuenta
que yo he nacido recién, hace poco menos que 2 años atrás. Los motivos poco
importan al sentido de esta reflexión, pero sí me sirve de ejemplo para
manifestar a qué tipo de nacimiento me estoy refiriendo y es al dejarse ver, de
repente, ante el mundo y la vida.
Como todo
nacimiento, no es tarea fácil. Siguiendo
con el paralelismo del embarazo o la preñez, dejarse ver, de repente, es un
shock existencial. Es salir del líquido amniótico y trascender la placenta para
ver, por motu proprio, la vida con
nuestra óptica tal y cuál es y contraponerla con nuestros deseos. Es sentir
libertad excesiva y desprotección, pero también la posibilidad de valerse por sí
mismo, más allá de las asistencias que cada uno necesite.
Y valerse por sí
mismo es el verdadero nacimiento. En
Occidente solemos nacer tras un golpe, una pérdida o una crisis. Esto,
lógicamente, agudiza el estado de desesperación propio de nuestra existencia y
por tal motivo, a veces, quedamos negando nuestra propio renacer hasta el fin
de nuestros días.
Creo firmemente
que todos estamos condenados a un verdadero despertar. Dicho en otras palabras,
encontrarle el sentido a nuestra existencia, a nuestra vida. Y como tal,
deberíamos darle la bienvenida a ese amanecer y a todos los miedos que eso trae
aparejado.
Debiéramos
preferir nacer con dolor, con un gran trabajo de parto, sin Fórceps, sin Anestesia
ni peridural antes que dejar que un extraño nos dirija en este mundo y con una
sonrisa, que acaso si quiera será para nosotros, diga “Felicitaciones, es un bebé
hermoso”.
Nacer, o que te
hagan nacer. Yo prefiero lo primero. Me la banco.
@Rodriguez_wal
Lasumademisnotas.blogspot.com.ar
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